Tomarlo con calma

Hace mucho que no escribo ninguna entrada en este blog. La verdad es que hace mucho que no le dedico tiempo a nada que escape al ámbito de la facultad. Grave error.

Hace ya un tiempo atrás subí un descargo respecto a lo mucho que me estaba costando dar exámenes, creo también haber escrito algo sobre mi obsesión con ser una excelente profesional, con irme por las ramas a la hora de estudiar y otras cosas que me estaban pasando en ese momento. Esa entrada seguramente ya está en el basurero y no recuerdo exactamente su contenido, pero fue escrita en un momento clave, un punto de inflexión en mi forma de llevar la carrera, un pesar necesario para poder seguir avanzando.

Creo que esta es la primera vez que hago pública la serie de decisiones que tomé. No es que sean decisiones que me avergüencen o algo parecido, solo que aún las sigo digiriendo, más que nada porque para tomarlas tuve que salir de mi propio molde y aprender a aceptar la realidad y el cómo son las cosas.

Me di cuenta que tanto mi salud física como mental no daban para mucho más. Más que darme cuenta, me escuché por primera vez. Me digné a frenar por un momento en el vórtice de caos en el que vivo desde hace un año y medio y darme cuenta de que si seguía con ese estilo de vida iba a terminar matándome. Y no es para menos, ya que estos últimos meses apenas si podía recordar lo que estudiaba, o dormir, o comer, dejé de ver a mis compañeros y amigos, dejé de ir a clases, pasé de tener pequeñas enfermedades frecuentes a enfermarme en serio y cometí la estupidez de dejar de ir al psicólogo.

Poco a poco me fui acercando al punto de quiebre… y me quebré.

Tuve que darme así de fuerte para entender que estaba haciendo todo mal en mi afán de querer hacer todo bien. Entendí que muchas cosas a las que le tenía miedo no resultaban tan graves. Que no hay nada malo con desaprobar un examen. Que las fechas de recuperatorio están para usarse. Que a veces uno necesita más tiempo que los demás para llegar al mismo resultado. Que nadie se murió por recursar una materia. Y lo más importante de todo, la carrera es de uno y es para disfrutarla, algo que yo no estaba haciendo.

Así fue como respiré profundo, metí todos mis libros y fotocopias en el fondo del armario, cancelé todas mis fechas de finales y me decidí a tomarme un cuatrimestre. Y tengo que decir que es la mejor decisión que haya tomado en mi vida, porque desde el momento en que me quité ese peso de encima todo fue mucho mejor.

¿A quién le importa si tardo un año más en recibirme? ¿A quién le importa si no rindo los parciales en la primer fecha? ¿A quién le importa cuándo doy los finales? La única pregunta que tiene que importar es si nos gusta lo que hacemos y a la única persona que tiene que satisfacer la respuesta es a uno mismo. Porque cuando uno está contento con lo que hace, todo cambia.

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Enajenación

Los brazos y las piernas dejaron de responder, sacudiéndose con violencia fuera de control. La piel se quejaba al más mínimo tacto, la carne bajo ella ardía con intensidad. Un impulso que nunca antes había sentido. El impulso de escapar, de liberarse, de sobrevivir. Pero, ¿qué podía hacer cuando su propio cuerpo era la amenaza?

Intentó fijar la vista en algún punto de la realidad que se revolvía constantemente. Intentó distinguir su voz en una tempestad de pensamientos sin fin. Intentó en vano rescatarse a si misma dentro de un cuerpo que ya no le pertenecía, esa noche no haría el papel de heroína. Sería marioneta y sería espectadora.

Aquellos brazos hacían lo imposible por contener los espasmos cada vez más intensos obligando a la piel a aullar de dolor. El sudor y las lágrimas empapaban su cuerpo. Se sintió arder y congelarse a la vez. Sintió como su alma intentaba escapar desesperadamente de ese contenedor que amenazaba con desbaratarse. Con todas sus fuerzas retomó el control sobre una de sus manos e intentó escapar. Arañó la piel una y otra vez tratado de desgarrarla, pero aquellas manos la detuvieron con fiereza mientras gritaban cosas que no podía comprender.

Sintió su cuerpo elevarse sin dejar de temblar y sacudirse. Sintió el agua tibia sobre su cabello, su piel, su ropa. Poco a poco el frío fue desapareciendo, las voces se fueron aclarando, las lágrimas cesaron, el dolor se esfumó. La agotada mente volvía a distinguir el entorno con claridad. El fatigado cuerpo volvía a estar bajo su control pero no le quedaban fuerzas para moverse por sí misma.

Se sintió arropar mientras la luz del alba se dejaba ver a través las blancas cortinas. Sintió las manos sobre su frente mientras se desvanecía lentamente en si misma. Sintió un beso y unas palabras tranquilizadoras. Sintió que había sobrevivido una noche más.

Enterrar el pasado

Podré borrar las evidencias, pero el pasado siempre estará allí. Allí, cuando una catarata de pensamientos me obliga a pasar la noche en vela. Allí, cuando abro un libro y encuentro una foto de alguien a quién creia haber olvidado, de alguien que pretendí haber olvidado. Allí, cuando paso por aquella esquina donde me encontró la desgracia, la tristeza, la felicidad o el amor. Allí, donde pretenda esconderme de él.

No sé cuando fue que empecé a huir del pasado. Tal vez fue la necesidad de suprimir una tonelada de malas experiencias, o mi incapacidad para aceptar mis errores y de hacer cicatrizar viejas heridas. Quizás porque cada vez que aflora el pasado me siento minúscula, ridícula, abrumada.

Huyo cobardemente, me escondo, me encuentro y vuelvo a huir. Borro todas mis huellas. Borro toda evidencia de que alguna vez existí. Me desvanezco ante los ojos del mundo. Me entierro a mi misma, o a lo que alguna vez fui. Vuelvo a empezar. Hay algo divertido en el juego, pero a la vez tiene un gusto nefasto.

Una vez alguien me dijo que no puedo huir para siempre, que no puedo esconderme eternamente, que no puedo alienar mi identidad a voluntad sin perderme a mi misma. Sonreí. Sonreí con esa mueca que utilizo cuando pretendo llevarme el mundo por delante, cuando pretendo ir contracorriente sin importar el riesgo, cuando pretendo encontrar el camino o perderme para siempre. Prendió un cigarrillo y dio una bocanada profunda, exhaló con un gesto de resignación. Me mantuve firme, pero por dentro me quebraba en mil pedazos ante el peso de la razón. No dijo nada. Estoy segura que lo vio.

A veces pienso que me gusta este juego, que me gusta la sensación de soltar todo sin mirar atrás. A veces creo que me volví adicta a ello . A veces siento que me gusta hacer brotar mis cicatrices. A veces temo mirarme al espejo y no saber quién soy. A veces odio hacer lo que hago. A veces amo seguir haciéndolo.

Cuento la cantidad de máscaras desteñidas acumuladas en un rincón, nunca llego al final. Mientras tanto, uso mis mejores colores para las nuevas, las que sí van a funcionar, las que son inquebrantables, infalibles, las que van a ocultarme durante mucho tiempo y convertirme alguien nuevo, en alguien distinto, en alguien lleno de cualidades para explorar.

Pero llegará el día en que me arrepienta de esta nueva yo, entonces abandonaré la mascarada y volveré a correr, libre y bajo mi verdadera forma, hasta perderme de vista. Hasta creer perderme de vista.

Tres de la mañana

El reloj marca las tres de la mañana. La música suena suavemente a través de los auriculares que cuelgan del cuello. El paso de las horas se hace notar a través de los numerosos papeles sobre el escritorio. Algunos ostentan un brillante amarillo entre sus líneas, otros están garabateados de punta a punta en una letra casi ininteligible.

La vista empieza a pesar, pero no es lo único. Pesan también las dudas, el miedo, la ansiedad. La gata está echada plácidamente sobre una montaña de cronogramas fallidos, vanos intentos de contrarrestar el paso del tiempo, pero este no se detiene ni perdona. De repente el sueño comienza a mostrar su faceta más seductora, potenciado por el halo de la noche.

Tímidamente un nuevo personaje entra en escena, al principio su presencia es casi imperceptible, pero conforme avanzan los minutos su figura se hace más y más evidente. Con su aliento envenenado susurra, susurra sobre el fracaso, sobre el tiempo, sobre el temor, sobre la desesperación. Los susurros se convierten en suaves palabras. Las suaves palabras se tornan aullidos. Los aullidos se convierten en tormenta.

Lo escucha con desconfianza, conoce sobre su manipulación. Resiste, resiste con todas sus fuerzas. Entonces llega el dolor. Abre las puertas imponente, majestuoso, implacable, confiado de su poder. Toda voluntad se quiebra en cientos de pedazos. El eco retumba en cada rincón de la habitación, pero nadie más puede oírlo. Sólo se escucha el latir de un dolor cada vez más punzante.

Los límites de la realidad se desdibujan. Los límites de la cordura, también. Visualiza los brillantes ojos amarillos de delgadas pupilas, como aferrándose a lo único que permanece inalienable. Respira profundo. Percibe los latidos más y más estrepitosos. Esta vez son otros tipos de latidos. Son los latidos que a gritos nos amarran a donde pertenecemos. Se levanta a preparar una taza de té.

Ahora el reloj marca las cuatro de la mañana. A la mesa se sientan tres personas, dos de ellas no son reales, la tercera tal vez sí lo sea.

Personajes

Pese a que ya no estoy jugando World of Warcraft, tengo que admitir que mis personajes siguen siendo algo a lo que me siento muy apegada y les tengo mucho cariño. Sé que para algunos no sea fácil de entender exactamente el por qué, ya que no son más que un puñado de píxeles en un mundo virtual, pero a veces uno se encuentra ligado a las cosas más extrañas e inesperadas.

Si me remonto bien atrás en el tiempo, al momento en el que empecé a jugar, mi gran amor tiene forma de una adorable orquita verdosa, Ruhkya. Fue a través de sus ojos que descubrí todo lo que Azeroth tenía para ofrecer, con ella aprendí muchísimo y no solo sobre jugabilidad y Lore, sino también a socializar (como alguna vez escribí) y a dejar salir una de mis grandes pasiones, el juego de rol.

Luego llegó Nylen, mi segundo personaje y el que mantengo actualmente como main, si es que puedo seguir hablando de mantener un main. Ella en un principio estuvo ligada a una salida, a un escape de la realidad y de la gente que me rodeaba, incluso de la gente con la que jugaba regularmente, era como una suerte de llamado a la soledad, algo que quedó reflejado al momento de definirle una personalidad y una historia. Con el paso del tiempo se convirtió en el personaje que más disfruto jugar y con el que acumulé cientos de recuerdos, pero aún hay mucho más…

Uno de mis personajes con más carga emocional es, ni más ni menos, Sunhee. Si bien es mucho más contemporánea y representa una fase distinta de mi vida, esta gordita pelirroja me robó el corazón desde el momento en que la vi, no puedo decir exactamente por qué. ¿Es acaso por lo divertido que es de jugar? ¿Por la energía y tranquilidad que emanan los pandaren? ¿O será su hermosa carita? Según mi novio, es porque Sun es exactamente igual a mi, por más extraño y estúpido que pueda parecer.

Si puedo hablar más sobre mi gordita, puedo decir que esa fase que representa es una mucho mejor y más alegre en comparación a otras. Puedo destacar muchísimas cosas, que van desde mi período de colaboración en Pastando en Mulgore, hasta una cierta renovación de mis principios y formas de ver el mundo, curiosamente, muchas de estas cosas las reflexioné pensando como pandaren. Sí, exactamente eso, pensando como pandaren. Pero no voy a dar mucho detalle, aunque seguramente en algún momento escriba algo respecto a ello, ya que es un tema bastante divertido de comentar.

Luego vienen personajes un poco menos felices pero que aún así tienen su dosis de cariño, estos en particular están relacionados a antiguos amigos y algún que otro ex-novio.

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Hallery y Vareen, las hermanitas sin’dorei, tienen su origen hace ya varios años y en su momento estuvieron relacionados a un antiguo amigo con el que solía rolear y con el cual terminé de muy mala forma, en su momento pensé en borrarlas, pero me di cuenta que ya me había encariñado con ellas y convertí el mal trago en algo positivo, incluso conservando lo que había creado con esta persona.

Triska, el apacible y solitario archidruida, solía pertenecer a mi ex-novio hasta que dejó de jugar y me ofrecí a “adoptarlo” y mudarlo a los servidores oficiales. Durante varios años cuidé de él, hasta que decidí que estaba muy viejo y le había llegado la hora, como curiosidad le dí la muerte que mi ex hubiera esperado para su tauren. Luego de un par de días de duelo (entiéndase reconsideración) su lugar fue tomado por Nalya, su hija, y espero que mi psicólogo no esté leyendo esto porque no sé como se podría interpretar.

También están esos personajes felices, como los que usaba para jugar con mi pareja, que en ese entonces vivía a unos buenos cientos de kilómetros de mi, por lo cual usábamos el juego para pasar el rato juntos compartiendo un gusto en común.

El primer personaje que cree por él fue Zhaele, una no muerta brujita que surgió como una suerte de tributo a su main, Necrum, ya que siempre me fascinó verlo incinerar todo a su paso y que, sin importar los cambios que le hicieran a la clase, siempre supo hacerla rendir al máximo para convertirla en una máquina de aniquilación. Posteriormente empezamos a rolear juntos como una dupla maestro-aprendiz y de aquí se desprenden un sinfín de hermosos recuerdos que nunca podría plasmar en palabras.

Y así como les nombré todos estos, podría nombrarles muchos más personajes ligados a muchas otras situaciones y personas, todos con su algo que les ha valido el afecto que les tengo. Y pese a que sé que ya no tengo tiempo para dedicarles, de a ratos me aqueja la culpa de dejarlos abandonados y me horriza la idea de que en algún momento a la empresa se le ocurra liberar nombres y que mis pequeños caigan en manos ajenas, por más que se necesiten años para que ello ocurra.

Como verán, he sido presa de la nostalgia y necesitaba dejarlo salir.

Transfigurando con Sunhee | Acechadora nocturna

Hoy les traigo otro conjunto de transfiguración, en esta ocasión y aunque no lo parezca, lo armé inspirándome en la imagen de las Celadoras.

Para crearlo tomé el casco como base, si bien mi idea era terminar con un set lo más parecido posible al de Maiev, las piezas disponibles me jugaron muy en contra, en especial con los colores que eran casi imposibles de combinar, así terminé optando por el que más posibilidades me ofrecía.

Puse todo mi empeño en seguir la paleta de colores que había elegido, aunque lamentablemente terminé usando prácticamente todo un tier de pícaro para armarlo (lo que me hace sentir un poco tramposa), pero conserva algo de lo que quise representar: por un lado el símbolo de las celadoras, la lechuza, la cual se aprecia en el casco, cinto y capa, y por otro lado las hombreras más puntiagudas que pude conseguir sin volverme loca.

Por último les dejo el listado de las piezas que usé:

Les recomiendo que lo vean en el probador del juego porque en la imagen no se aprecian bien los detalles.

¡Espero que les haya gustado y más adelante les iré mostrando otros conjuntos!

Transfigurando con Sunhee | Cazadora Mok’nathal

Hoy se me dio por abrir el guardarropas y desempolvar algunos viejos sets que tenía guardados a la espera de su dueño. En particular quiero mostrarles este conjunto que cree para mi orca cazadora, Klesha, la cual tenía pensada rolear como miembro del clan Mok’nathal.

Algo de Lore…

Los Mok’nathal son un clan de semi-ogros originarios de Draenor, habitan lo que actualmente se conoce como Montañas Filoespada, dedicándose mayormente a la cacería.

Si bien muchas veces se suele usar la denominación Mok’nathal para referirse a estos híbridos, este título solo se otorga a los individuos que han demostrado encarnar la filosofía del clan.

Este set lo armé basándome en la imagen de Rexxar, aunque está bastante lejos de su objeto de inspiración y usa otra paleta de colores, creo que capta bastante bien la idea considerando los diseños que hay disponibles. Las piezas son en su mayoría fáciles de conseguir, aunque al usar partes de algunos tiers queda limitado a la clase cazador.

Este es un listado de las piezas que utiliza:

Y como yo siempre digo que todo cuenta, la especialización supervivencia va de maravillas con este set, ¡y no se olviden de su compañero animal!